Por Lcdo. Rubén Cova
Como mercadólogo, estoy convencido de que el marketing de influencers ha entrado en una etapa donde la autenticidad pesa mucho más que el glamour. Las audiencias, especialmente la Generación Z y los centennials, ya están cansadas de la perfección artificial que antes dominaba en las redes sociales. Hoy no buscan estilos de vida inalcanzables, sino contenidos reales y cercanos. Este cambio demuestra que la confianza y la transparencia son ahora los verdaderos motores de la influencia.
Desde mi perspectiva, las marcas que priorizan conexiones genuinas con sus audiencias a través de los influencers logran mejores resultados que aquellas que solo se fijan en el alcance o el número de seguidores. El engagement, la credibilidad y las relaciones a largo plazo son mucho más valiosas que las métricas superficiales. Incluso los micro y nano influencers con comunidades de nichos suelen superar a las celebridades cuando se trata de fidelizar y generar conversiones.
Sin embargo, esto no significa que el marketing de influencers esté libre de riesgos. Los seguidores falsos, la falta de transparencia y los incumplimientos normativos siguen siendo desafíos que las marcas deben gestionar con cuidado. Por eso, siempre recomiendo definir objetivos claros, establecer métricas de desempeño estrictas y trabajar con influencers cuyos valores estén alineados con la misión de la marca.
La autenticidad no es una moda pasajera: es la base de una influencia sostenible.
Veo el futuro del influencer marketing como una oportunidad para que las marcas humanicen sus estrategias. Al elegir la autenticidad sobre el glamour, las empresas pueden construir confianza duradera y posicionarse en un mercado donde los consumidores premian la honestidad por encima de todo. Para mí, como mercadólogo, esto no es solo un ajuste de táctica, sino un cambio profundo en la forma en que las marcas deben conectar con las personas.
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